Un cese de fuego no es el fin del conflicto

21/Jul/2014

Libertad Digital, Por Julián Schvindlerman

Un cese de fuego no es el fin del conflicto

Cruzado ya el umbral de
los primeros siete días de guerra entre el Movimiento de Resistencia Islámico
-tal su nombre- Hamas y el Estado de Israel, con más de mil cohetes lanzados
contra la nación hebrea y cantidades de ataques aéreos sobre Gaza, Egipto elevó
una propuesta de cese de fuego que buscaba calmar la tormenta. Israel la aceptó
a pesar de tener reparos; Hamas la rechazó de cuajo. Vuelta a foja cero. Es
dable, sin embargo, analizar las raíces de la hesitación israelí. Desde la
perspectiva humanitaria son bienvenidas las treguas en las contiendas, pero
estratégicamente este no siempre es el caso. Aun cuando esta postulación
desafíe nuestro humanismo, es menester profundizar en ella si aspiramos a un
cabal entendimiento de lo que allí está en juego.
En el año 2005 el ejército israelí abandonó la
Franja de Gaza por completo. Ni un solo soldado, ni un solo colono,
permanecieron allí. La ocupación terminó. Los israelíes creyeron que por fin
gozarían de cierta seguridad en esa frontera caliente. Se equivocaron. Desde
entonces, en tres oportunidades Hamas inició ataques con cohetes contra Israel,
forzando una respuesta militar que rápidamente derivó en una contienda abierta.
En 2008, 2012 y 2014 los israelíes debieron correr a sus refugios antiaéreos
cada vez que Hamas lanzó misiles inesperadamente. Militarmente, Israel es mucho
más poderoso que Hamas. Pero políticamente, este grupo terrorista se anota
puntos en la corte de la opinión pública mundial con cada muerte palestina.
Cuando la confrontación alcanza niveles intolerables para la sensibilidad
internacional, la comunidad diplomática impone un cese de fuego. Forzados a
interrumpir su campaña militar sin haber alcanzado los objetivos, los israelíes
se repliegan, resignados, a sabiendas de que ésa no será la última pelea.
Este es un ciclo perverso
que el gobierno de Israel anhela detener. Hamas utiliza tales treguas para
recomponerse, rearmarse y planificar el próximo ataque sorpresa. Hasta tal
punto esto es así que incluso los propios israelíes se mostraron alarmados por
el nuevo arsenal de su enemigo, de fabricación siria e iraní. Los cohetes que
Hamas lanzó antaño llegaron al sur de Israel primero, luego al centro y en esta
contienda misiles cayeron en el norte del país. Es por ello que un cese de fuego
que no contemple el desarme total de Hamas y un bloqueo al contrabando de
armamentos estará destinado al fracaso a la larga.
Al calibrar su
represalia, Israel debe haber contemplado tres opciones. Una consistiría en
asestar un golpe mortal al enemigo. El riesgo de este camino es que al remover
a este grupo extremista del poder bien podría darse el caso que agrupaciones
más radicales todavía pujasen por ganar espacio en la franja, tales como ISIS y
Al-Qaeda, que ya están desafiando seriamente al poder central en Siria y en
Irak y entablando un creciente riesgo para Jordania y Egipto. Otra opción puede
haber sido neutralizar a Hamas y reemplazarlo por el gobierno más moderado de
la Autoridad Palestina, que perdió la franja en el 2007 en una cruenta lucha fratricida
con Hamas y busca recuperarla. Pero Mahmoud Abbas no puede ser visto
popularmente como un títere sionista, de modo que la opción no parece viable.
Lo cual posiblemente ha dejado a Israel ante la alternativa final de preservar
políticamente a su enemigo gazatí pero anular su capacidad ofensiva futura.
Esta es la campaña que sería interrumpida si la propuesta egipcia prosperase.
Bienvenida una tregua.
Pero si la familia de las naciones desea
evitar una nueva -¡y cuarta!- contienda entre las partes de aquí a futuro, es
crucial que el cese de fuego contemple el desarme de Hamas y prevenga su
rearme. Una tregua inmediata a imperfecta calmará nuestras ansiedades
pacifistas… pero sólo momentáneamente, hasta el próximo e inevitable round.